Primeros años, familia y formación
Datus E. Myers llegó al mundo el 29 de septiembre de 1879, en la localidad de Jefferson, Oregón. Sus primeros años en el Oeste sentaron las bases de una vida dedicada a la observación de los paisajes y la gente de la frontera estadounidense. A medida que maduraba, su creciente interés por las artes visuales lo alejó de su lugar de nacimiento en busca de una instrucción formal. Buscó el estudio disciplinado de la forma y la composición, asistiendo a la Chouinard School of Art y, posteriormente, al Chicago Art Institute. Estas instituciones le dotaron del lenguaje técnico necesario para traducir el mundo que le rodeaba al lienzo.
En 1910, su vida personal se entrelazó con el mundo del diseño cuando contrajo matrimonio con Alice Clark Myers. Ella era arquitecta, y su comprensión profesional de la estructura y el espacio probablemente compartía un lenguaje común con las aspiraciones artísticas de él. Juntos, eventualmente encontrarían su camino hacia el desierto alto, pero sus primeros años estuvieron definidos por esta unión de disciplinas creativas. Su compañerismo se construyó sobre un compromiso compartido con las artes, mientras atravesaban las décadas formativas de sus vidas profesionales.
Vida y actividad en Nuevo México
En 1923, Myers y su esposa, la arquitecta Alice Clark Myers, tomaron la decisión de mudarse a Santa Fe. Para 1925, ya se habían establecido en la zona de Camino del Monte Sol, encontrando un hogar permanente en medio del majestuoso paisaje del desierto. Fue aquí donde su pincel encontró su verdadero sujeto. Se sintió profundamente cautivado por el escenario de la región, produciendo numerosas pinturas de paisajes que buscaban capturar la esencia misma del terreno. Su obra se volcó con frecuencia hacia los habitantes de la tierra, creando representaciones idealizadas de la vida indígena dentro del Oeste Americano.
Su vínculo con la comunidad local se estrechó durante la década de 1930 gracias a su participación en el New Deal. Asumió la responsabilidad de desempeñarse como coordinador de campo de la División India para el Programa de Obras Públicas de Arte. Se trataba de un cargo de gran relevancia social, ya que le exigía viajar y conectar con los pueblos locales. Dedicó gran parte de su tiempo a reclutar artistas indígenas de estas comunidades, ayudándoles a encontrar un lugar dentro de los programas de arte público de la WPA. A través de esta labor, ayudó a tender un puente entre el talento local y el mecenazgo federal, asegurando que las manos de los artistas de los Pueblos formaran parte de la producción creativa pública de aquella era.