La arquitectura de lo no construido
Desde su estudio en Leiden, Países Bajos, Flore De Koning aborda el lienzo con la precisión de un constructor y la intuición de un soñador. Nacida en 1977, su práctica artística tiene sus raíces en una profunda fascinación por la manera en que moldeamos nuestro entorno. Ella contempla la ciudad y el mundo natural no como entidades fijas, sino como elementos en constante creación, remodelación y reimaginación. Este interés por la "manufacturabilidad" de nuestro medio ambiente la impulsa a explorar el espacio que existe entre un plano arquitectónico y la realidad terminada.
Su proceso es físico y táctil. Antes de que una sola pincelada toque la superficie, construye pequeñas maquetas. Estos modelos actúan como el cimiento de sus composiciones, permitiéndole manipular el espacio y la forma en tres dimensiones antes de traducirlos al plano bidimensional. Este método garantiza que sus pinturas posean un peso estructural, incluso cuando se inclinan hacia la abstracción.
Líneas y lógica
El núcleo de su obra reside en una tensión constante entre lo rígido y lo orgánico. Flore De Koning se nutre profundamente del lenguaje de los dibujos arquitectónicos, los planos de planta y los diagramas de construcción. Sin embargo, estos no son planos destinados a una obra en construcción; por el contrario, son diseños creados con la perspectiva que otorga la retrospectiva, reflejando un mundo que ya ha sido construido o un mundo que solo existe en la mente. Esto genera un diálogo visual único en sus pinturas, donde se manifiesta:
- El uso de estructuras geométricas estrictas para aportar orden.
- La introducción de líneas naturales y fluidas que rompen la simetría.
- Un uso de colores contrastantes para definir la profundidad y el movimiento.
- La transformación de planos técnicos en arte expresivo.
En su obra de 2011, Floorplan, esta dinámica resulta particularmente evidente. La pintura equilibra los bordes afilados e inflexibles de los cubos con líneas más suaves y errantes. Es un estudio sobre cómo la estructura puede coexistir con el flujo impredecible de la naturaleza.
Un estudio de la forma
La obra de Flore De Koning ocupa un espacio donde lo técnico se encuentra con lo poético. Al utilizar el lenguaje del arquitecto —la línea recta, la cuadrícula, el ángulo medido— intenta devolver al mundo a su etapa más fundamental y maleable. Sus pinturas no se limitan a representar un espacio; investigan la idea misma de cómo podría concebirse un espacio. A través de su cuidadosa superposición de geometría y movimiento orgánico, captura la energía silenciosa que se encuentra en la intersección entre el diseño humano y el paisaje natural.