El viaje artístico de Jan Korthals
Nacido en Ámsterdam, Jan Korthals fue un pintor holandés que desarrolló su talento bajo un estilo impresionista. Su formación artística se forjó en la prestigiosa Gerrit Rietveld Academie de Ámsterdam y en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes, donde tuvo el privilegio de estudiar bajo la tutela de Hendricus IJkelenstam y Jos Rovers. La esencia de su obra estuvo profundamente marcada por la influencia de su tío, el pintor Marie Henrie Mackenzie, y del célebre artista George Hendrik Breitner. Aunque sus primeros años profesionales transcurrieron entre labores de administrativo y su trabajo en una agencia de publicidad, su verdadera pasión siempre fue el dibujo y la pintura, disciplinas que practicaba con devoción durante las noches mientras estudiaba para obtener su diploma de contabilidad.
El vasto repertorio de Korthals incluyó innumerables paisajes urbanos, con un enfoque especial en la atmósfera de Ámsterdam y París. Durante los turbulentos años de la ocupación alemana, para asegurar su sustento, se dedicó a pintar delicados arreglos florales sobre cartón y tablas, obras que en ocasiones firmaba bajo el pseudónimo de Jean Leonie. Su carrera experimentó un punto de inflexión decisivo gracias a diversos encargos para calendarios e ilustraciones de organizaciones de renombre, tales como la imprenta Senefelder, Unilever y la N.V. Nederlandsche Lloyd. Su excepcional capacidad para capturar la vida en escena le abrió puertas hacia oportunidades de gran prestigio, como la ilustración del 2000 aniversario de París y la obtención de una beca del Ministerio de Educación, Artes y Ciencias para emprender un viaje hacia Ceilán.
Viajes y Paisajes
Korthals fue un incansable viajero que utilizó sus travesías como una fuente inagotable de bocetos e impresiones para sus futuras obras al óleo. Recorrió Francia, Bélgica, España, Italia, Alemania, la antigua Yugoslavia e Inglaterra, a menudo navegando por estos paisajes en una furgoneta VW convertida. Sus rutas lo llevaron incluso a Suiza, donde llegó a plasmar la imponente construcción de una presa en el valle de Maggia, situada en una escarpada ladera montañosa. Estos bocetos se convirtieron en el cimiento de muchas de sus obras posteriores, logrando capturar la esencia más pura de los lugares que recorrió, desde la vibrante vida en las calles de Montmartre hasta la serenidad de los paisajes de Ceilán.