Una vida moldeada por el desplazamiento
La historia de Khaled Sabsabi comienza en Trípoli, Líbano, entre las densas sombras de la guerra civil libanesa. A finales de la década de 1970, siendo apenas un niño de once años, abandonó su patria junto a su familia para buscar refugio en Australia. Este tránsito desde las calles familiares de Trípoli hacia los suburbios occidentales de Sídney trajo consigo el peso de la pérdida y los bordes afilados de la memoria. Su infancia estuvo acompañada por la banda sonora de la tienda de música y video de sus padres, un lugar donde las melodías árabes y sonidos diversos se fundían en un mismo compás. Estos primeros años no transcurrieron en la contemplación silenciosa, sino en el pulso energético de una comunidad en crecimiento.
Antes de tomar un pincel o configurar una estación de trabajo digital, Sabs_sabi encontró su voz a través del ritmo y la rima. En los años 80, recorría las calles de Sídney bajo el nombre de Peacefender, como intérprete de hip-hop. Extrajo fuerza del espíritu activista de figuras como Malcolm X y de los ritmos contundentes de grupos como Public Enemy y los Beastie Boys. Esta etapa de su vida estuvo definida por la búsqueda de pertenencia dentro de la cultura tribalizada del hip-hop, un movimiento que ofrecía una vía para abordar la desigualdad social y las tensiones raciales. La energía de este periodo musical se filtraría más tarde en su práctica visual, impregnando la manera en que utiliza el sonido y la repetición.
La convergencia del espíritu y la materia
Al transicionar hacia las artes visuales a finales de los 80 y durante los 90, su obra comenzó a tender puentes entre el mundo físico y lo invisible. Sabsabi buscó explorar los límites de la identidad, la nación y las dimensiones espirituales del sufismo, o Tasawwul. Su práctica se convirtió en un método para procesar el trauma de la guerra y las complejidades de ser migrante en un paisaje multicultural. No se limitó a observar estos temas; los integró en la esencia misma de sus instalaciones mediante una amplia variedad de medios.
Su enfoque técnico es frecuentemente multisensorial, diseñado para atraer al espectador hacia un espacio donde los sentidos se entrelazan. Ha utilizado:
- Instalaciones de video que emplean luces parpadeantes e imágenes en movimiento para complejizar la percepción.
- El aroma del agua de rosas o el café para evocar recuerdos profundos de búnkeres o espacios sagrados.
- Obras de gran escala, como un lienzo de cuarenta metros utilizado como pantalla, que envuelven al espectador.
- Paisajes sonoros que incorporan los cánticos rítmicos de las órdenes sufíes o el bajo profundo del hip-hop.
En obras como The Prophet, miró hacia la tradición de la miniatura islámica, utilizando papel fotográfico y cuadrículas para interpretar historias sagradas. En otros casos, como en <70,000 Veils, empleó gafas 3D para crear una sensación de profundidad y vibración. Esta capacidad para manipular la luz, el aroma y el sonido le permite crear entornos que se sienten, a la vez, íntimos y vastos.
Reconocimiento y escenario global
La trayectoria de Sabsabi ha estado marcada por una expansión constante, desde el trabajo comunitario local hasta la prominencia internacional. Sus primeros años como trabajador juvenil, ayudando a jóvenes de ascendencia árabe, aborigen y de las islas del Pacífico, arraigaron su arte en la justicia social. Este compromiso con los marginados permaneció inalterable incluso cuando su obra alcanzó instituciones de gran prestigio como la Art Gallery of New South Wales y el Museum of Contemporary Art Australia.
El año 2026 posee un significado particular para su lugar en el panorama contemporáneo, al haber sido seleccionado para representar a Australia en la Bienal de Venecia. Aunque el proceso de selección enfrentó una notable controversia pública y una revocación temporal por parte de las autoridades, Sabsabi fue finalmente restituido al pabellón australiano. Su presencia en Venecia, junto a obras como khalil y a conference of one’s self, lleva su exploración del yo colectivo y la interconexión de todos los seres ante una audiencia global. A través de su arte, los recuerdos fracturados de un niño de Trípoli se transforman en una profunda meditación sobre nuestra humanidad compartida.