Elige un estado de ánimo y la propia sala te responderá: la luz se enfría o se calienta, el aire cambia su ritmo y solo las obras que evocan ese sentimiento emergen de la oscuridad. Todo lo demás retrocede hacia la sombra.
La génesis de un maestro español Nacido en medio de la riqueza cultural de Valencia en 1866, Fernando Cabrera Cantó emprendió un viaje artístico que eventualmente cerraría la brecha entre la realidad tangible de finales del siglo XIX y los susurros etéreos del Simbolismo. Su formación inicial en la Real Academia de Bellas Antes de San Carlos, bajo la tutela de Lorenzo Casanova, le proporcionó una base sólida; sin embargo, fueron sus via
jes por Madrid e Italia —respaldados por la generosidad de la Diputación provincial de Alicante— los que verdaderamente expandieron su vocabulario visual. Este periodo de errancia y estudio le permitió absorber la precisión técnica del realismo español, mientras preparaba su alma para la estética más decorativa y fluida del floreciente movimiento Art Nouveau. Un tapiz de luz y sombra La brillantez de Cabrera Cantó reside en su notable…