Elige un estado de ánimo y la propia sala te responderá: la luz se enfría o se calienta, el aire cambia su ritmo y solo las obras que evocan ese sentimiento emergen de la oscuridad. Todo lo demás retrocede hacia la sombra.
Una vida de precisión y tinta En el cambiante paisaje del México del siglo XIX, Ignacio Serrano se movía por el mundo con la mirada disciplinada de un ingeniero. Fue un hombre de las armas y del estudio, ostentando el rango de Ingeniero Militar mientras, simultáneamente, moldeaba el lenguaje visual de su nación. Sus manos se sentían tan cómodas con los rigores técnicos de la topografía como con los delicados matices de la piedra litográ
fica. Esta dualidad definió su contribución a las artes, al tender un puente entre la documentación científica y las bellas artes. Su formación fue moldeada por los pioneros del grabado mexicano, aprendiendo el oficio bajo la guía de Claudio Linati. Este linaje le proporcionó la base técnica para convertirse en una figura vital de la Academia de San Carlos. No se limitó a practicar el arte; lo institucionalizó, desempeñándose como el p…