Elige un estado de ánimo y la propia sala te responderá: la luz se enfría o se calienta, el aire cambia su ritmo y solo las obras que evocan ese sentimiento emergen de la oscuridad. Todo lo demás retrocede hacia la sombra.
Roderic O'Connor: Un puente entre el impresionismo y el misticismo bretón La historia de Roderic O'Connor es la de un profundo peregrinaje artístico, un viaje que comenzó en los paisajes verdes de Irlanda y encontró su destino espiritual entre las costas envueltas en bruma de Bretaña. Nacido en 1860 en Milltown, Condado de Roscommon, O'Connor poseía una sensibilidad innata hacia el mundo natural, una cualidad cultivada durante sus prim
eros estudios en la Metropolitan School of Art y la Royal Hibernian Academy. Sin embargo, fue su partida a París en 1887 lo que alteraría irrevocablemente el curso de su vida y su visión. En la atmósfera vibrante y pulsante de la capital francesa, O'Connor se encontró con la luz revolucionaria del impresionismo, un movimiento que le enseñó a ver no solo los objetos, sino el aire mismo que los rodea, capturando la danza fugaz de la luz…