Elige un estado de ánimo y la propia sala te responderá: la luz se enfría o se calienta, el aire cambia su ritmo y solo las obras que evocan ese sentimiento emergen de la oscuridad. Todo lo demás retrocede hacia la sombra.
Una vida entre dos mundos Nacido en Dnipro, Ucrania, en 1887, William Meyerowitz llegó a la ciudad de Nueva York en 1908 junto a su padre. Esta migración marcó el comienzo de una vida larga e industriosa, dedicada a navegar la intersección entre la música y las artes visuales. Antes de ser reconocido por sus grabados o pinturas, encontró la manera de sostenerse cantando en el coro de la Metropolitan Opera. Esta temprana conexión con lo
lírico y lo rítmico encontraría su camino hacia su lenguaje visual, especialmente en sus composiciones más poéticas. Su formación académica comenzó en la National Academy of Design, donde se concentró en el arte preciso y disciplinado del grabado. Durante estos años formativos, no fue simplemente un estudiante, sino un participante activo en el tejido social de la escena artística de Nueva York. Colaboró con figuras como Robert Henri…