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El Objetivo Verde
Dimensiones de la reproducción
Jasper Johns's *Green Target*, created in 1955, is not merely a painting; it’s a pivotal statement within the evolving landscape of postwar American art. Emerging from the shadow of Abstract Expressionism, this work boldly reintroduces representation – but with a subversive twist. The image itself is deceptively simple: a vibrant green circle dominates the canvas, punctuated by a contrasting yellow center, evoking the familiar form of a target. Yet, to perceive it as merely decorative would be a profound misreading. Johns doesn’t offer us a target *to* aim at; he presents us with the very idea of a target, stripped bare and laid open for contemplation.
Johns' choice of subject matter is crucial. The target, inherently linked to notions of precision, skill, and even conflict, becomes an ambiguous symbol in his hands. Is it a celebration of American prowess? A commentary on the Cold War anxieties simmering beneath the surface of 1950s society? Or something far more personal? Johns deliberately avoids providing definitive answers, instead inviting viewers to project their own interpretations onto the work. This ambiguity is further amplified by his innovative technique. *Green Target* isn’t painted in a traditional sense; it's constructed using encaustic – heated beeswax mixed with pigment – layered over newspaper and cloth adhered to canvas. This process imbues the surface with a rich, tactile quality, revealing fragments of text and texture beneath the vibrant green. The layering itself becomes symbolic, suggesting hidden depths and the accumulation of history within a seemingly straightforward image.
The historical context surrounding *Green Target* is essential to understanding its significance. Abstract Expressionism, with its emphasis on spontaneous gesture and subjective emotion, had reigned supreme in the New York art world for over a decade. Johns' work represented a radical departure from this dominant aesthetic. While not fully embracing the overt consumerism that would define Pop Art, *Green Target* shares with it a fascination with everyday objects and imagery. It’s a bridge between these two movements, questioning the very nature of artistic expression and challenging the boundaries between “high” art and popular culture. The painting's reception was initially met with bewilderment and resistance from critics accustomed to the emotional intensity of Abstract Expressionism. However, Leo Castelli, a visionary gallerist, recognized Johns’ genius and championed his work, paving the way for a new generation of artists.
The impact of *Green Target* extends beyond its historical importance. The painting possesses an undeniable emotional resonance, stemming from its inherent contradictions. The bright, cheerful colors are juxtaposed with the unsettling implications of the target symbol. The meticulous craftsmanship contrasts with the seemingly casual application of encaustic and collage materials. This tension creates a sense of unease, prompting viewers to question their own perceptions and assumptions. *Green Target* is not a painting that offers easy answers; it’s a work that demands engagement, inviting us to delve beneath the surface and confront the complexities of modern life. Its enduring appeal lies in its ability to simultaneously fascinate, challenge, and provoke – qualities that solidify Jasper Johns as one of the most influential artists of the 20th century.
Johns’ *Green Target* stands as a testament to the transformative power of artistic experimentation. Castelli's astute observation that Johns’ gallery began with his debut exhibition underscores the significance of patronage in fostering groundbreaking art movements.
The painting’s enduring legacy resides not only in its formal innovations but also in its capacity to provoke contemplation about identity, representation, and the role of art within society.
Los colores de "El Objetivo Verde" presentan una luminancia de Sombra suave.
Los temas recurrentes de Jasper Johns incluyen abstracción vs. representación, influencia surrealista, preguntas sobre identidad, iconografía estadounidense, nueva estética artística; "El Objetivo Verde" se centra en simbolismo, encaustic, collage, representación, arte moderno, cold war, iconografía.
Puede adquirir una imagen digital de "El Objetivo Verde" de Jasper Johns en su página de Imagen digital de alta resolución: descarga de una imagen digital en alta resolución.
Jasper Johns nació el 15 de mayo de 1930 en Augusta, Georgia. El matrimonio de sus padres terminó en un divorcio cuando él era muy joven, lo que provocó que creciera en Carolina del Sur. Pasó gran parte de su infancia en Allendale, Carolina del Sur, viviendo con sus abuelos paternos. Más tarde, pasó tiempo con su madre y su padrastro en Columbia, y finalmente vivió con su tía Gladys en el lago Murray. Comenzó a dibujar a la edad de tres años. Para cuando llegó a la escuela secundaria, ya estaba enfocado en su oficio, graduándose finalmente como el mejor de su clase en 1947 en la Edmunds High School en Sumter, Carolina del Sur.
Su formación formal comenzó en el Sur. Asistió a la Universidad de Carolina del Sur en Columbia durante tres semestres. Tras dejar la universidad, se mudó a la ciudad de Nueva York en 1949. Allí, se matriculó en la Parsons School of Design para continuar sus estudios. Durante estos años formativos, desempeñó diversos trabajos temporales, incluyendo una etapa como empleado de una librería, antes de que su camino se viera interrumpido por el reclutamiento militar.
La trayectoria de sus primeros años se vio interrumpida en 1951, cuando fue reclutado por el Ejército de los Estados Unidos durante la Guerra de Corea. Este periodo de servicio lo alejó de las escuelas de arte de la Costa Este y lo situó en dos entornos muy distintos. Pasó un tiempo destinado en Fort Jackson, en Carolina del Sur, antes de ser enviado a Sendai, Japón. Estos años de deber militar le proporcionaron una distancia necesaria de la floreciente escena artística que había comenzado a explorar en Nueva York.
Para el verano de 1953, ya se encontraba de regreso en la ciudad de Nueva York. La metrópolis era un escenario de transición, y encontró trabajo en Marboro Books. Este periodo de empleo le permitió reintegrarse al entorno urbano, desplazándose a través de las diversas capas sociales y artísticas de la ciudad. Fue durante estos meses posteriores al servicio militar cuando comenzó a forjar los vínculos que definirían su práctica artística posterior, trabajando codo con codo con otros artistas en los lofts y estudios de la ciudad.
Hacia 1954, se había producido un cambio fundamental en la manera de abordar los objetos sobre el lienzo. En lugar de las marcas espontáneas y gestuales que definían la era, surgió un movimiento hacia aquello que la mente ya conoce. Esto implicaba el uso de símbolos que no requerían explicación: banderas, mapas, dianas, letras y números. No se trataba de ilustraciones de eventos específicos, sino de formas reconocibles utilizadas para explorar cómo percibimos el significado. La obra se convirtió en una forma de observar el acto de ver en sí mismo, utilizando lo familiar para cuestionar la naturaleza de la representación.
Este enfoque ayudó a consolidarlo como una figura central en el desarrollo del arte estadounidense de la posguerra. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1958 en la galería Leo Castelli, donde la presencia de estos símbolos comunes se encontró por primera vez con un público más amplio. Las pinturas no intentaban escapar del mundo a través de la abstracción; más bien, traían el mundo al estudio a través de estos motivos silenciosos y repetitivos. Al despojarse de la necesidad de una narrativa, el enfoque se desplazó hacia la superficie y hacia la manera en que un símbolo funciona como un código visual.
La superficie de una pintura de Jasper Johns a menudo se percibe densa, casi táctil, como si estuviera construida por capas. Con frecuencia recurría al encausto, un proceso donde el pigmento se mezcla con cera caliente para crear una capa espesa y texturizada. Este método permite una profundidad física que reposa sobre el lienzo, incorporando en ocasiones elementos de collage y papel de periódico directamente en la cera. Estas capas no sugieren un gesto rápido o espontáneo; por el contrario, su obra revela un sentido de control consciente. Cada marca y cada forma parecen haber sido colocadas con una intención específica, alejándose de los goteos caóticos y emocionales propios de otros estilos de mediados de siglo. Jasper Johns prefería un enfoque más calculado sobre la construcción de la imagen.
Más allá del lienzo, su mano se manifiesta de múltiples maneras. Se desplazaba con maestría entre la textura pesada del encausto y las líneas precisas y afiladas del grabado. Su práctica artística integraba la litografía, la serigrafía, el aguafuerte y la aguatinta. Estos métodos le permitían repetir ciertos símbolos y formas con texturas variadas. A menudo utilizaba los mismos motivos —números, letras o mapas— para observar cómo se transformaban cuando cambiaba el método de aplicación. Su obra trata sobre la manera en que el espectador reconoce una forma y cómo ese reconocimiento se altera cuando la superficie se presenta fragmentada o estratificada.
La obra de Jasper Johns a menudo gravita en torno a aquello que la mente ya conoce. A mediados de la década de 1950, su pintura Flag (1954–55) utilizó un collage de las barras y estrellas, superponiendo capas de periódico con pigmento. Este enfoque transformó un símbolo familiar en una superficie texturizada de cera y papel. La imaginería evolucionó desde estos símbolos grandes y planos hacia formas más concentradas. Así surgió la serie de las dianas, utilizando el blanco central para cuestionar la manera en que el espectador percibe una forma simple. Una de estas piezas, Target with Four Faces (1958), situó rostros dentro del campo rojo, creando una sensación de inquietud mediante su disposición repetitiva y carente de expresión.
El enfoque en objetos reconocibles continuó durante la década de 1960. La obra de 1961, Map, empleó representaciones fragmentadas de los Estados Unidos para explorar la geografía y la identidad. Este período también fue testigo de un giro hacia formas tridimensionales que imitaban objetos cotidianos. En 1960, se produjo la serie Painted Bronze (Beer Cans). Estas esculturas fueron fundidas en bronce pero pintadas para lucir exactamente como los objetos comunes que representaban, desdibujando la línea entre un objeto real y uno pintado.
En los lofts de Manhattan, el aire vibraba con ideas compartidas y la sutil fricción de la proximidad. Jasper Johns vivía en apartamentos contiguos a Robert Rauschenberg, una relación que fue tanto romántica como artística hasta 1961. Pasaban sus días diseñando escaparates para tiendas como Tiffany y Bonwit Teller, trabajando codo con codo para transformar lo mundano en algo completamente distinto. Esta cercanía significaba que su obra mantenía un diálogo constante, un intercambio continuo de pensamientos y experimentos visuales que ayudó a definir un nuevo rumbo para el arte estadounidense.
Este círculo se extendió hacia los reinos del sonido y el movimiento. Jasper Johns mantenía una estrecha amistad con el compositor John Cage y el coreógrafo Merce Cunningham. Estas conexiones aportaron un tipo de ritmo diferente a su pensamiento, uno arraigado en la vanguardia. Se movió a través de un paisaje donde las fronteras entre las distintas disciplinas eran porosas, influenciado por la manera en que Cage y Cunningham abordaban la estructura y el azar. Incluso las ideas de Marcel Duchamp persistían en el trasfondo, proporcionando un marco para cuestionar la naturaleza misma de lo que un objeto podía representar al ser colocado dentro de un marco.
La transición desde las marcas espontáneas y gestuales del Expresionismo Abstracto hacia la imaginería reconocible del Pop Art ocurrió, en gran medida, a través de sus manos. Al tomar elementos que la mente ya conoce —banderas, dianas y números— y tratarlos como sujetos de investigación, transformó la manera en que los artistas se acercaban al lienzo. Este movimiento hacia lo cotidiano allanó el camino para la obra de Andy Warhol y Roy Lichtenstein, quienes más tarde construirían sobre estas ideas de la cultura de masas y el objeto de consumo.
Su presencia en el mundo del arte ha estado marcada por un reconocimiento significativo. Fue galardonado con el León de Oro en la Bienal de Venecia en 1988 y, más tarde, en 2011, recibió la Medalla Presidencial de la Libertad. Estos honores reflejan una carrera dedicada a cuestionar la naturaleza de la representación y la forma en que los símbolos funcionan en una sociedad en constante cambio.
Para contemplar sus pinturas y esculturas en persona, un viaje a la ciudad de Nueva York es el destino ideal. El Museo de Arte Moderno alberga varias de sus piezas, mientras que el Whitney Museum of American Art y el Metropolitan Museum of Art también custodian su obra en sus prestigiosas colecciones. Estas instituciones albergan diversas etapas de su evolución artística, desde sus primeros experimentos con el encausto hasta sus exploraciones más tardías sobre el espacio del estudio del artista.
Su presencia trasciende las fronteras de los Estados Unidos. En Londres, la Tate Modern posee obras que reflejan su profundo y constante interés por la forma en que percibimos los símbolos familiares. Observar estos objetos en entornos tan distintos permite apreciar con mayor detalle cómo su uso de la textura y la repetición se transforma bajo luces y atmósferas diferentes.
1930 - , Estados Unidos de América