Elige un estado de ánimo y la propia sala te responderá: la luz se enfría o se calienta, el aire cambia su ritmo y solo las obras que evocan ese sentimiento emergen de la oscuridad. Todo lo demás retrocede hacia la sombra.
El espíritu radiante de Henri Charles Manguin Bajo la luz dorada de principios del siglo XX, pocos artistas capturaron la joie de vivre de la Riviera Francesa con tanta vitalidad como Henri Charles Manguin. Nacido en París en 1874, en el seno de una familia donde la escultura y la tradición visual echaban raíces profundas, Manguin estaba destinado a una vida definida por el color y la forma. Su viaje al corazón de la vanguardia comenzó
en la prestigiosa École des Beaux-Arts, bajo la tutela del legendario Gustave Moreau. Fue en este fértil entorno académico donde Manguin forjó vínculos de por vida con otros visionarios como Henri Matisse y Charles Camoin. Estas amistades fueron más que simples conexiones sociales; fueron el crisol en el que se forjó una nueva y rebelde forma de mirar. Juntos, estos jóvenes artistas pasaron horas en el Louvre, reproduciendo meticulosa…